La unidad que los atiende ha pasado de registrar 270 pacientes en 2007 a 378 el año pasado

«El ictus es una enfermedad grave y sus consecuencias pueden ser devastadoras. Pero puede prevenirse, y tratarse si se acude pronto al hospital». Contundente, el mensaje de Yolanda Bravo, neuróloga responsable de la unidad del HUBU creada en 2006 para prestar atención específica a estos casos, brinda una de cal y otra de arena en el Día Mundial de esta patología que el año pasado motivó más de treinta ingresos cada mes en el complejo sanitario local.

Ubicada en la planta de Neurología, la unidad de ictus cerraba así 2015 con un total de 378 pacientes, lo que, tal y como indica Bravo, confirma el progresivo aumento de los casos, ya que en 2007 atendía 270 y allá por 2011, a las puertas de mudarse al nuevo complejo -en el que ganaron dos camas, hasta las seis con las que cuentan en la actualidad-, rondaba los 290.

Los ictus o accidentes cerebrovasculares se dividen en dos grandes grupos: los isquémicos, tras el 85% de los casos, que se producen por estrechamiento de las arterias o la formación de un trombo en el corazón que viaja a otras zonas, por arritmias principalmente, y los hemorrágicos, en los que la rotura de un vaso sanguíneo -por malformaciones u otras causas- origina un derrame cerebral.

Pese al diferente origen y pronóstico de los dos tipos, los factores de riesgo que elevan las probabilidades de padecer un ictus son compartidos: «Tabaquismo, hipertensión, diabetes y colesterol elevado, además de sedentarismo y una dieta desequilibrada», enumera la especialista, que señala a los varones como más proclives a sufrir esta patología. «El 59% de los casos que atendemos son varones y la edad media es de 71, aunque hemos tenido pacientes de todas las edades, desde 19 a 96 años», explica.

Eficacia probada
Y con todos el equipo de la unidad de ictus se fija de entrada idéntico objetivo, aplicar lo antes posible el tratamiento adecuado para salvarles la vida y facilitar un restablecimiento total. «El 61,4% de los pacientes recuperan la autonomía, aunque algunos pueden tener secuelas leves que causen molestias o impidan realizar actividades concretas», indica Bravo.

Su trabajo, por tanto, tiene sentido. Y es que, según afirma la responsable de la unidad de ictus, está demostrado que los «cuidados estandarizados» que se procuran en ella reducen las secuelas y disminuyen la mortalidad. «Se basan en monitorizar parámetros como ritmo cardiaco, presión arterial, oxigenación, glucosa en sangre y vigilar la situación neurológica», detalla. La vigilancia continua facilita detectar cualquier cambio y reaccionar ante un empeoramiento.

Con todo, lo más importante es reaccionar a tiempo. Para lograrlo el paciente debe llegar cuanto antes. Las primeras horas son, literalmente, vitales. En el caso concreto del ictus isquémico, «si el paciente acude pronto al hospital, se le pueden administrar tratamientos que ayudan a reestablecer la circulación en la región cerebral afectada y disminuir o evitar los daños», relata Bravo.

Por ejemplo, prosigue, «existe un tratamiento, llamado trombolisis endovenosa, que solo se puede aplicar en las primeras cuatro horas y media para intentar deshacer el trombo. Si hay contraindicación para este tratamiento o ha pasado más tiempo -de 6 a 8 horas- puede intentarse un procedimiento para la extracción mecánica del trombo que en nuestro hospital llevan a cabo neurorradiólogos vasculares, expertos en cateterismo cerebral. Cuatro ensayos clínicos publicados el año pasado respaldan la eficacia de esta técnica».

Cada vez más pacientes se benefician del primero de los dos tratamientos citados. En los diez años de trabajo de la unidad han pasado de ser el 9% de los afectados por un infarto cerebral al 20% en 2014. «También se está consolidando el uso de la trombectomía, con 21 casos en 2015», señala Bravo.

«Seguimos mejorando para que estos tratamientos lleguen a más pacientes y más rápido. Acortar el plazo que pasa hasta su administración es importante y para lograrlo nos reunimos con los servicios de Urgencias y Radiología», cuya labor es esencial.

Telemedicina
Además, la unidad de ictus del HUBU ha comenzado a utilizar la telemedicina con el Hospital Santos Reyes de Aranda para agilizar la valoración de los pacientes que ingresan en él y «poder iniciar allí el tratamiento mientras los trasladan a Burgos».

También para rebajar el tiempo y una vez en el hospital existe un protocolo común con Radiología que permite aplicarlo mientras se realiza el TAC.

Fuente: El Correo de Burgos